Como hemos explicado en el apartado de «polarización de la imagen», el sistema pasivo es una de las dos tecnologías que se utiliza para las televisiones 3D, el otro sistema es este: el activo.
En este caso la televisión visualiza la imagen izquierda, luego la derecha, y vuelve a empezar… con un parpadeo imperceptible para el ojo humano, o casi. Las gafas que se utilizan, son eléctricas y dejan pasar la luz por sus cristales de manera sincronizada con el televisor, de manera que cuando el televisor está visualizando la imagen izquierda, el cristal izquierda de las gafas está transparente, mientras que el derecho se pone negro, y a la inversa con el otro ojo. Ese parpadeo se produce a una velocidad de entre 72 y 120 cambios de imagen por segundo, de manera que aparentemente estamos viendo cada imagen con su ojo correspondiente produciendo el efecto estereoscópico (3D).
La ventaja del sistema activo respecto al sistema pasivo es que podemos ver la imagen completa, ya que con el sistema pasivo perdemos la mitad de cada imagen, debido a que la línea de un ojo tapa la línea del otro, rediciendo la resolución a la mitad.
En contraprestación, las gafas del sistema activo son más pesadas debido a la batería y a la electrónica que llevan, con lo cual, y sumando el parpadeo (que hay quien lo nota más y quien menos), hacen que este sistema sea más pesado y cansado de aguantar durante una película que suele durar cerca de 2h. Además son mucho más caras: su precio están sobre los 80€, mientras que las pasivas no suelen llegar a los 2€ de coste.
Desde mi modesta opinión este sistema a acelerado la desaparición de las televisiones 3D, ya que se hacía muy costoso el comprar gafas 3D activas y las familias, al no tener gafas para todos sus miembros, sumando la incomodidad de su uso, hizo que las familias desistieran de su uso.
